Ficciones y documentales en la historia fílmica nacional

El cine aparece en la República Dominicana en la ciudad norteña de Puerto Plata en una noche del 27 de agosto de 1900. El teatro Curiel de esta ciudad sirve como el espacio de exhibición del cinematógrafo de los hermanos Lumiére, gracias a la iniciativa del comerciante Francesco Grecco, quien realiza varios viajes a través del Caribe mostrando esta atractiva invención.

Después de estas primeras manifestaciones cinematográficas se detecta en la prehistoria fílmica del cine dominicano, los trabajos del fotógrafo y editor Francisco Palau, que en 1922 al lado del fotógrafo Tuto Báez y Juan B. Alfonseca hacen la primera película de ficción del cine dominicano: “La leyenda de la virgen de la Altagracia”, con la colaboración en los textos del historiador Bernardo Pichardo. Palau la estrena en la noche del 16 de febrero de 1923, convirtiendo esta producción de cortometraje en la primera película dominicana.

El entusiasmo de este equipo motiva más adelante la realización de una comedia con tintes ingenuos con el título de “Las emboscadas de cupido” (1924). Esta película, contada en cinco actos, narra la historia de un par de enamorados que, al no tener el consentimiento del padre de la novia, obliga al novio a realizar una divertida trama para que el padre pueda aceptarlo. Fue exhibida al público el 19 de marzo de 1924.

Se tiene conocimiento de que antes de los trabajos de Francisco Palau, el camarógrafo puertorriqueño Rafael Colorado hace en 1915 la primera película realizada en la República Dominicana, por un extranjero, titulada “Excursión de José de Diego en Santo Domingo”.

Pero ninguno de estos primeros intentos produce una línea de producción continua y la exploración cinematográfica queda dentro de una pura manifestación artística del momento y no un incentivo industrial.

Los años venideros marcan un limbo total en la producción cinematográfica de ficción. La instalación del régimen del presidente Rafael Leónidas Trujillo en 1930, marcado desde sus inicios como un régimen dictatorial, impone un freno total a las manifestaciones artísticas y culturales, estimulando solamente aquello que se entiende como beneficioso para sus propósitos. Por esa razón, en los treinta largos años de la tiranía se realizaron solamente trabajos documentales del país con la exaltación del tirano, sus obras y sus parientes.

Los primeros pasos del documentalismo dominicano

Independiente del poco aprovechamiento para el desarrollo de las producciones de ficción, un área que se despliega más allá de las posibilidades es el documental. Y en este género existen trabajos pioneros como los de Adam Sánchez Reyes, Salvador Arquímedes Sturla y Tuto Báez, quienes realizan algunas de las más importantes fílmicas históricas, como la llegada del aviador norteamericano Charles Lindbergh al país (4 de febrero de 1928); los destrozos del ciclón San Zenón (3 de septiembre de 1930) o la primera toma de posesión de Rafael Leónidas Trujillo y Estrella Ureña en el Parque Colón (16 de agosto de 1930). Además, las ceremonias del 27 de febrero en la Catedral (1927) y las fiestas del 400 aniversario de la fundación de Santo Domingo (1946).

Este oficio de reportaje noticioso también empieza a expandirse dentro de un grupo de aficionados encontrándose entre estos el desempeño de María Electa Stéfani Espaillat (1884-1962), considerada la primera cineasta dominicana, colaboradora del equipo Palau-Alfonseca, en los primeros años de la década del veinte y quien colaboró en las “Revistas cinematográficas” de los años veinte. Hija de Sofía Espaillat Espaillat (1857-1895) y del ingeniero italiano Pílades Stefani Viegani (1854-1928), cuyos abuelos maternos fueron el presidente de la República Dominicana, Ulises Francisco Espaillat Quiñones (1823-1878) y Eloísa Espaillat Rodríguez (1818-1919).

María Stéfani, como refiere el investigador José Luís Sáez en su libro “Historia de un sueño importado” (Ediciones Siboney, 1982), se dedicaba a la filmación de reportajes o las llamadas “Revistas cinematográficas” en las que captó el recibimiento hecho en 1929, por los habitantes de Santo Domingo, al famoso boxeador vasco Paulino Uzcudun al igual que el desembarco de la Misión Dawes.

Al parecer, como anota Sáez, no hay constancia de que Stéfani continuara con esta labor de reportera cinematográfica en la década de los treinta, incluso algunos proyectos quedaron inconclusos como el guion de “La Hispaniola”, una película histórica que patrocinaría el gobierno de Horacio Vásquez con motivo del levantamiento del Faro de Colón, aunque también colaboró con el equipo de Palau-Alfonseca, el mismo que realizó cintas como “La leyenda de la Virgen de la Altagracia” (1923) y “Las emboscadas de cupido” (1924).

Ya en los años treinta, aunque no se manifiesta un avance de las producciones de ficción, el documental continuó desarrollándose, sin embargo, sólo apuntando a crónicas fílmicas de exaltación al tirano y sus familiares, así como noticieros dirigidos a afianzar su poder dentro de un marco de absoluta vigilancia hacia los intereses particulares de la familia.

Bajo este contexto, el documentalista Rafael Augusto Sánchez Sanlley (Pupito), quien produce en 1953, con la empresa Cinema Dominicana, trece documentales por encargo para las Secretarías de Estado del régimen, con la dirección del cubano Pepe Prieto, vive en carne propia la rigidez de la estructura política imperante.

Al ser fiel a la realidad, sus documentales muestran algunos aspectos de la miseria que se vivía en los años 50 en la República Dominicana, mostrando una realidad contrastante entre la carencia material del pueblo dominicano y la opulencia que exhibía la familia Trujillo.

Ante esta situación se ordena desmantelar la productora Cinema Dominicana y el apresamiento de Pupito Sánchez Sanlley, quien es llevado a las cárceles de tortura del régimen, de donde no sale jamás. Clauco Duquela, contable de la compañía, es sacado de su casa, en la calle San Martín, personalmente por Federico Fiallo, jefe de la policía de entonces, y tampoco se vuelve a saber de él. Ya antes, los colaboradores extranjeros del proyecto se escapan por diferentes vías del país.

Lo interesante de este hecho fue que a tan sólo dos semanas de producirse el ajusticiamiento de Trujillo, el 30 de mayo de 1961, Hugo Mateo, quien había colaborado con Pupito Sánchez Sanlley y su equipo en los trece fatídicos documentales, inicia la realización de “30 de mayo: gesta libertadora”, utilizando material de archivo.

Otros como Manuel Báez (hijo de Tuto Báez) y Eugenio Fontana también se dedican a la realización de documentales y noticieros en el país. A Manuel Báez se le debe el primer documental dominicano en 35mm y en color realizado en 1958 titulado “Ganadería: riqueza nacional”.

La labor continúa en los años siguientes con profesionales que han hecho una tarea más o menos en progresión y con diferentes notas estilísticas que han dado muchas razones para hacer de este género una viable muestra dentro del cine dominicano a pesar de que la exhibición de largometrajes documentales en las salas de cine del país es limitada.

Un acontecimiento importante en el área del documental en la República Dominicana ocurrió el 12 de octubre de 1978 cuando fueron presentados, en el Teatro Olimpia, los cortos documentales “Siete días con el pueblo” de Jimmy Sierra, un documental acerca del más significativo evento popular artístico acontecido en la época del gobierno del doctor Joaquín Balaguer celebrado en 1974 y del periodista José Bujosa Mieses titulado “Rumbo al poder”, un documental de la campaña política de 1978 que llevó el triunfo al Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Más tarde, Onofre de la Rosa, a través del Grupo Cine Militante realiza el corto documental “Crisis” en 1977, donde expone la agresión económica y militar contra la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) durante el gobierno del doctor Joaquín Balaguer.

De acuerdo con una información publicada en la revista Fotómetro, órgano oficial del Instituto Dominicano de Arte y Cine (IDAC), este trabajo fue el primero en participar en un festival latinoamericano y el primero en participar en el Festival de Oberhausen, Alemania Federal.

Otros realizadores como Winston Vargas, Pericles Mejía, Camilo Carrau, Claudio Chea, Peyi Guzmán, Agliberto Meléndez, Félix Germán y José Luis Sáez también marcaron el medio con interesantes propuestas documentales.

Es importante destacar la labor en esta área del documentalista Max Pou, quien ha desarrollado una carrera con cierto sentido de disciplina y dominio técnico. Se recuerda el trabajo que realizó junto a Eduardo Palmer titulado “El esfuerzo de un pueblo” (1968); luego en 1969 realiza, esta vez junto al también camarógrafo Ricardo Thorman, “Carnaval”, un documental turístico hecho en 35mm y un año más tarde produce otro documental con las mismas características titulado “Santo Domingo: Cuna de América” (1970).

También otros trabajos importantes de Pou son “Lengua azul” (1976) y “Fondo negro” o “Los dueños del sol” (1976), este último, presentado en la conferencia sobre el hábitat, auspiciada por las Naciones Unidas, en Vancouver, Canadá.

Otros trabajos están en “Carnaval y caretas” (1981), un documental dirigido por Pedro Guzmán Cordero (Peyi) que involucró una investigación acerca de nuestro folclore y que definía en su texto visual las diferentes manifestaciones carnavalescas en las distintas regiones del país.

“Camino al Pico Duarte” (1982), dirigido por Claudio Chea, supuso un encuentro y alerta contra la deforestación, mezclando la fotografía del paisaje, el discurso científico y el testimonio campesino. También a este trabajo de Chea se le suma “El valle de San Juan” (1983), también centrado en la preservación ecológica; “El paseo de la Virgen” (1983) sobre una antigua tradición de la villa de pescadores de Palmar de Ocoa y “El Acuario Nacional” (1985), un documental educacional sobre este nuevo museo nacional.

Estas producciones tuvieron amplia difusión en el medio televisivo gracias al soporte del medio del video, lo que permitió que el amplio público que abarca la televisión, aprovechara su exposición visual y argumental.

También el primer trabajo realizado por el Frente de Izquierda Dominicana (FID) para los veinte aniversarios de la Revolución de Abril titulado “A golpe de heroísmo”, sirvió como base para el inicio de la revisión histórica a través del medio audiovisual, sobre este acontecimiento trascendental para el país. Este documental fue presentado, cobrando por su exhibición, al público por primera vez el 24 de abril de 1985 en Casa de Teatro, espacio que sirvió como escenario para tan importante evento.

La realización estuvo a cargo de Tommy García, con la participación de Tanya Valette y editado por Ives Langlois. Este mismo material fue difundido en varios lugares del mundo, entre los que se encontraban Cuba, Nicaragua, Panamá y Norteamérica.

Este tipo de trabajo dio paso a los realizados posteriormente por René Fortunato iniciado en 1988 con “Abril: la trinchera del honor”, primer largometraje documental de este cineasta que marcó el inicio de una fructífera serie que abarca las del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina con el tríptico “El poder del jefe” (1991-1996), “La herencia del tirano” (1998), “La violencia del poder” (2003) y “Bosch: presidente en la frontera imperial” (2009). Con este último, Fortunato utilizó, por primera vez, el celuloide para su exhibición pública en las salas de cine.

La primera película pos trujillista

No es hasta 1963 que el dramaturgo Franklin Domínguez lanza su largometraje “La silla”, donde denuncia los horrores del régimen de Trujillo, convirtiéndose en la primera producción dominicana que se realiza después de la caída del régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo.

El filme cuenta con un solo actor, Camilo Carrau, y a través de este carácter la película va relatando los hechos históricos que marcaron la dictadura trujillista. El actor se enfrenta a una secuencia de escenas diversas que abarcan desde el contenido filosófico de su escena, hasta aquellas desesperantes de la silla eléctrica y las cámaras de torturas de la tiranía.

El elemento de la silla juega un papel importante en la película, puesto que es fotografiada desde numerosos ángulos y condiciones luminotécnicas y con gran ajuste al desarrollo del argumento. Así esta silla se convierte en las barras de una cárcel, en un púlpito, en un juez o en un fantasma. La silla alcanza, dentro de sus propias condiciones, reacciones humanas.

“La silla” plantea el problema de la juventud dominicana bajo el régimen de Trujillo. Es la historia de un joven a quien se acusa de haber traicionado a sus compañeros mientras estuvieron en la cárcel, acusados de formar un complot para asesinar al dictador. En su autodefensa él expone lo fácil que es pasar del estado de héroe a traidor. Considerando que la mayoría del pueblo cooperó, en cierto modo, con Trujillo, durante sus 32 años de gobierno, él se pregunta quién puede levantar su mano contra él.

Lo lamentable es que este filme se ha convertido en un símbolo perdido, con pocas posibilidades de rescate, puesto que la única copia existente está en muy mal estado y posiblemente quede entre los recuerdos de nuestra irregular filmografía dominicana.

Inicio de un camino

Agliberto Meléndez, fundador de la Cinemateca Nacional, y un experimentado individuo en los quehaceres audiovisuales, realiza en 1988 su ópera prima, “Un pasaje de ida”, un producto que se constituye en una intención fílmica de apuestas y remedios dentro de lo que significa realizar un cine dominicano.

Basada en la amarga realidad de los viajes ilegales, la cinta toma un hecho real acontecido en 1980 cuando varios dominicanos fallecieron asfixiados dentro de un contenedor del barco Regina Express. Agliberto proporciona un dramático pasaje con la absoluta garantía de tomar el control de una historia fuerte y humana.

A pesar de las deficiencias técnicas, el trabajo de cámara realizado por Peyi Guzmán focaliza un estilo neorrealista para dotar a la imagen de esa veracidad en el lenguaje fílmico. Filme ganador de varios premios internacionales, incluyendo en el Festival de Huelva, España y en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la ciudad de La Habana. Es hasta el momento uno de los filmes más representativos de la filmografía dominicana.

Después de esta experiencia, siete años más tarde, un joven con ganas de hacer cine irrumpe en la escena nacional con un producto que sorprende a todos por la gracia y valentía con que fue asumido. Ángel Muñiz asume la dirección de “Nueba Yol: por fin llegó Balbuena” (1995). El filme de Muñiz marca un gran fenómeno de mercadeo en la República Dominicana puesto que nunca se había diseñado una campaña publicitaria tan amplia para un filme dominicano que abarcara la prensa escrita, la radio, la televisión y otros medios de publicidad directa. Un éxito de campaña que coloca al comediante Luisito Martí, a través de su interpretación de Balbuena, como el personaje más atractivo del cine dominicano.

La película se centra en la presencia de Balbuena (personaje creado en la televisión) en esa gran urbe donde él siempre soñó estar y el impacto frente a la cultura de una ciudad desarrollada, en términos de supervivencia y violencia. Su relato fílmico procura facilitar su comprensión como un individuo trascendental, aunque dadas las limitaciones de la figura, en cuanto a los gestos y expresiones, lo presionan a un contexto regional, no obstante, su idiosincrasia en sí posee puntos reconocibles y válidos.

Dos años más tarde, Ángel Muñiz se arriesga con otro producto tomando la figura de Balbuena como garantía para descifrar nuevamente el gusto del público por las tramas fáciles y la empatía que ya le tenía a este personaje. “Nueba Yol III: bajo la nueva ley” (1997). Tomando una estrategia publicitaria de obviar la segunda parte, por ese asunto de que “segundas partes nunca han sido buenas”, este nuevo episodio de Balbuena se convierte en una apuesta doble.

La historia se centra, esta vez, en las semanas previas al “martes negro”, el día de la aplicación de la fuerte Ley de regulación migratoria. Balbuena recorre un nuevo terreno por vencer junto a millones de residentes en los Estados Unidos de Norteamérica. Balbuena esta vez está sentenciado a tener que buscar una solución rápida a su problema como inmigrante.

La efervescencia y el entusiasmo que produce “Nueba Yol: por fin llegó Balbuena” conducen a Radel Villalona a embarcarse en una aventura fatal para su poca experiencia en el ramo. Después de haber hecho algunos escarceos en el área del video, se somete a realizar su primer largometraje para el cine. “Para vivir o morir” (1996) es concebida como un filme de suspenso político, el espacio geográfico donde se inserta la historia recorre una ciudad sometida al fragor de las luchas políticas sobre la base de un proceso electoral traumático.

El mismo se convierte en uno de los fracasos más decepcionantes del cine dominicano. No obstante, sus productores hacen una nueva inversión un año más tarde que consiste en una reedición o retake a su metraje inicial haciéndole algunos cambios en su parte final. Este experimento fue renombrado “Jugada final” (1997), un título que marca precisamente el final a lo que pudo ser un paso de avance para atraer a inversionistas privados hacia el apoyo del cine dominicano. No obstante, tras su fracaso comercial, se le otorga el nuevo título de “Basta ya” en el 2003. Este reintento sepulta este producto y lo convierte en un capítulo para estudiar dentro de la filmografía dominicana.

En el mismo año de 1997 se estrena “Cuatro hombres y un ataúd” de la mano de Pericles Mejía, un activo realizador de comerciales que, tomando sus experiencias en el campo publicitario, obtiene el tiempo, la inversión y la visión para dar el salto y exponerse al escrutinio público de mostrar un nuevo producto cuando el sabor amargo todavía estaba en el gusto del público de la experiencia pasada.

Esta comedia de Pericles se convierte en una esperanza sobre el tema del humor y se tradujo como otro intento de retratarnos y exponer nuestras desdichas, esperanzas, costumbres y manías. El género de la comedia se toma nuevamente para contar un relato que tiende a mezclar varios aspectos del entorno popular para descifrarlo en un pliego de múltiples facetas

El “Año Cero”

El 2003 puede considerarse como el “Año Cero” para la filmografía dominicana puesto que es donde se establece una constante en cuanto a la producción de cine de ficción.

Es al productor y cineasta Miguel Vázquez que se le debe el empuje en la nueva etapa registrada en el cine dominicano al inicio del nuevo milenio. Miguel con su ópera prima titulada “Éxito por intercambio” (2003), la historia de una joven pueblerina que quiere encontrar el éxito como cantante en la capital, ofrece nuevamente un estímulo en la producción criolla. La idea de realizar este filme surgió cuando dos años atrás empezó a archivar vivencias de modelos y artistas interesadas en dar lo que fuese por alcanzar el éxito.

Esto estimuló a Ángel Muñiz a realizar su tercer largometraje “Perico ripiao” (2003), que se constituía en la suma de varios años de proceso iniciado con “Nueba Yol: por fin llegó Balbuena” (1995) y continuada con “Nueba Yol III: Bajo la nueva ley” (1997). Muñiz otorga un nivel de madurez cuando asume los mismos riesgos que en las producciones anteriores, pero con el conocimiento de que podía dominar los resortes del complejo lenguaje cinematográfico, contando una historia de tres presidiarios que se fugan de una cárcel para reunirse con sus respectivas familias, terminan haciendo un recorrido por distintos espacios de los pueblos del sur del país.

En el 2004 José Enrique Pintor, español radicado en la República Dominicana, rueda su ópera prima “La cárcel de la Victoria, el cuarto hombre”, una suerte de trama carcelaria de denuncias e intrigas.

Esta apuesta en el cine dominicano cuenta con un reclamo en la búsqueda constante de temas y situaciones que el cine se hace siempre para poder llevar su trayectoria al descubrimiento de lo que siempre se puede aportar en la cinematografía de un país.

El 2004 también fue premiado por otro producto dominicano que intenta establecer las marcas de la industria dentro de un contexto que empieza a hacerse favorable para el cine nacional. Con una responsabilidad en la producción de La Matriz, una compañía argentina con fuertes inversiones en el ramo de la publicidad y los videoclips, se lanza el filme “Negocios son negocios” bajo la dirección del argentino Joppe de Bernardi y un completo elenco dominicano que traduce las ganas de este grupo de inversionistas para introducirse en el incipiente negocio de la industria fílmica criolla con una comedia de un joven con aspiraciones que termina dentro de una maraña de robo en la entidad bancaria donde trabaja, pero que a la vez encuentra el amor de su vida.

En el 2005 el comediante y músico Luisito Martí se aboca esta vez a lograr un producto fílmico que se concentre en la realidad de nuestro contexto y en los anteriores productos donde él juega un papel protagónico para su éxito.

Después de haber experimentado su astucia histriónica con el personaje de Balbuena en los dos episodios para el cine de “Nueba Yol: por fin llegó Balbuena” y “Nueba Yol III: Bajo la nueva ley”, Martí busca su propio escenario para integrar varios personajes de su catálogo artístico. “Los locos también piensan”, de Humberto Castellanos, es su apuesta y parte de una idea del propio comediante y su hijo Robert Luís, que viene a ilustrar varios años de experiencia en la zona televisiva cuando ambos compartían responsabilidad en los menesteres del programa semanal de humor.

Un paso sorprendente en el cine dominicano se produce cuando Rogert y Frankeli Bencosme, convertidos en cineastas sin previo aviso, patrocinan sus ganas por una tesis argumental que, aunque no es novedosa, es un aporte más al futuro dentro del cine dominicano. “Andrea: la venganza de un espíritu”, rodada originalmente en formato digital y luego transferida a 35mm para su exhibición al público, es una cinta de terror sobrenatural que se despega un poco de esas arbitrariedades del cine comercial, aunque sea un producto comercial ofertado para las masas.

Todo parte de esas leyendas rurales, prendidas en los campos y presenta a una muchacha que ha sobrevivido a las posesiones sobrenaturales que, cuando era una niña, tomó una cruz de una tumba para colocarla en la de su fallecida madre y a partir de ese momento fue perturbada por un espíritu.

Luego de este riesgo viene “La maldición del padre Cardona”. Para hablar de este filme es necesario tocar las raíces de un proceso que todavía ese está aprendiendo a dominar y que, con la constancia intelectual y artesanal, es que se comprende la importancia del rigor cinematográfico.

En ella se localizan tres temas que se enfocan en la comedia, el romance y el misterio, mezclados con algunas tradiciones culturales y de idiosincrasia, se someten a una disposición poco definida. Félix Germán intenta pasar una prueba sustancial en su vida profesional con una historia sobre un cura que, antes de que muriera por la caída de un rayo, maldice al pueblo viéndose sus habitantes sumidos en una serie de sucesos extraños.

En el 2006 se produce también algo inaudito en el cine dominicano de ficción. Cinco películas hacen su aparición como una respuesta a la aptitud de muchos realizadores de plantear una línea constante en la producción.

Alfonso Rodríguez toma su segunda apuesta en el cine después del no valorado intento titulado “Tráfico de niños” (1988). Con mucha experiencia en el terreno de la televisión con la producción de teleseries dominicanas, este cineasta adocena sus aspiraciones para decidirse, esta vez, a realizar un producto cinematográfico con miras a satisfacer las ganas del público dominicano.

Con “Un macho de mujer”, Rodríguez parte del argumento de la eterna rivalidad de los sexos opuestos y del rol que el hombre juega en esta sociedad que, figurando el hipotético relato de los cambios de funciones, otras cosas pudieran suceder. Roberto Ángel Salcedo, un joven presentador curtido en la televisión, responde a su primer rol como protagonista de esta comedia.

La “sui generis” filmografía dominicana, al parecer, tiene la tendencia de aceptar cualquier tema que sus productores y directores propongan. Jimmy Sierra, un incansable productor de teleseries, adaptaciones de obras para la radio y la televisión, asume los riesgos de tomar el cine para continuar su labor profesional.

Sierra en “Lilís” hace una recreación histórica sobre la vida del dictador Ulises Heureaux quien se instala en la presidencia de la República Dominicana el 1 de septiembre de 1882 hasta 1884, volviendo a ser presidente en 1887 hasta 1899 cuando fue asesinado.

En el 2006, con más camino recorrido en el cine dominicano, llega otro filme con el perfil temático de los viajes ilegales y con la intención de buscar otra manera de lograr la aproximación del público con esta problemática.

“Viajeros”, del director dominicano radicado en los Estados Unidos Carlos Bidó, quien aporta el tema de la denuncia social sobre la problemática de los viajes ilegales. Otro filme, que se lanza en el 2006 y pretende establecer parámetros en el cine dominicano, es “La tragedia Llenas: un código 666” la que toma su inspiración en el caso del asesinato del niño Llenas Aybar, que a su vez inspira la novela del escritor y político Ángel Lockward. Elías Acosta, su director, responde a un esquema para predecir el interés del público frente a este hecho real.

Sin venderse como la película reivindicadora del cine dominicano y sin contar con la estructura publicitaria de otros filmes que han pasado a la historia filmográfica dominicana como ejemplos fallidos, “El Sistema” (2006), de Humberto Espinal, se introduce en el contexto como un filme que relata la historia de venganza de un ex sicario de un grupo élite que, tras la muerte de su esposa, decide vengarse de esos mismos compañeros del grupo.

Convertido como el segundo largometraje comercial que sale de los egresados de las aulas de la Escuela de Cine de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), después de “El tercer mundo” de César Gautreaux (2002), este largometraje de Espinal puede catalogarse como el máximo esfuerzo realizado hasta el momento por un grupo de jóvenes profesionales graduados dentro de las precariedades académicas.

“El Sistema” busca reencontrarse con esa calidad expositiva de tantos filmes de acción, pero sin dejar de calibrar el discurso hacia la denuncia social de corrupción y extorsión.

Ya para el 2007 dos comedias logran adentrarse en el gusto del público local con la responsabilidad de mantener la proyección del cine dominicano. “Sanky Panky” de José Enrique Pintor, segundo filme de su carrera que después del drama “La Cárcel de la Victoria: el cuarto hombre” (2004), toma el camino de la comedia, logrando conectar con el gancho comercial y transmitiendo toda la garantía para el éxito comercial al proponer la historia del joven Genaro que, por las precariedades económicas, decide entrar en el negocio de favores carnales con las turistas que visitan los resorts del país. Aunque el relato puede parecer rudo, José Enrique Pintor reduce los bordes ásperos del tema y lo hace hilarante y potable para todas las audiencias.

Y el otro filme que acompañó a esta comedia fue el debut dentro de este género del publicista Archie López con “Mi novia está de madre”, otra comedia que se interna en los bemoles del amor a través de un joven profesional que se ve en una encrucijada al enamorarse de una nueva vecina mayor que él, pero que tiene lidiar también con las malas interpretaciones que pueden afectar su imagen ante los demás incluyendo su novia. Comedia que también permitió el debut como actor de comedia para el cine de Roberto Ángel Salcedo.

La propuesta del drama le correspondió a Alfonso Rodríguez Zorilla que, con su tercera película, ofrece un mejor panorama para definir una constante en el cine dominicano. “(Yuniol)²” es la oportunidad para Alfonso de trabajar la crítica social con la vida de dos jóvenes que viven en diferentes posiciones sociales, pero que las circunstancias de la vida los colocan en un mismo plano.

También se propone una comedia de acción titulada “Operación Patakón”, de Tito Nekerman, en la que se muestra una intrincada operación internacional, donde interviene el Servicio Secreto Español, el Consulado Español y POLITUR, que trata de evitar que un dominicano venda la fórmula de un arma ultrasónica, la cual quieren utilizar con fines destructivos en España.

El 2008 se continuó en el aprendizaje. Jimmy Sierra abrió el año con su filme de suspenso policial “El caballero de la medianoche”, una cinta que es asumida por su realizador como una opción de propuesta creativa sobre un asesino en serie y las investigaciones que se realizan para atraparlo.

Pero la sorpresa vino de un joven de apenas 20 años de edad que tiene la correcta visión de que se puede hacer cine con una economía de recursos y con mucho talento y disposición. José María Cabral asoma la cabeza en la industria local con “Excexos”, una cinta modesta sobre un joven de clase media alta que se ve involucrado en un torbellino existencial producto de las drogas, el alcohol y la vida desenfrenada.

A esto se le suma la consistencia que ha adquirido Alfonso Rodríguez que se dejó sentir en el ruedo con dos películas, el drama “Playball”, un tema beisbolero que toca el problema de los esteroides en las Grandes Ligas; y la comedia sobre vampiros, detectives y narcotráfico titulada “Al Fin y al Cabo”.

Junto a estos filmes existen otros más como “Enigma” de Robert Cornelio, que toca el suspenso sobre la enigmática desaparición de una mujer; “60 millas al este” de Jorge Lendeborg, el docudrama sobre el tema de los viajes ilegales y “Ladrones a domicilio” de Ángel Muñiz que pone su punto en la corrupción institucional.

Este año también dio paso a dos agradables comedias como “Santicló, la vaina de la Navidad” de José Enrique Pintor, comedia de situaciones y enredos en la que la vida de dos amigos se complica después de encontrar, por accidente, una bolsa con dinero; y “¡De Campamento!, de José García quien mostró los problemas de un detective que tiene que atrapar a un ladrón que se infiltra dentro de un campamento de verano para niños.

Las motivaciones del 2009

En el 2009 se anunciaron más de diez proyectos fílmicos, pero apenas cuatro filmes de ficción y dos largometrajes documentales vieron la luz pública en las salas de cine. Todas tuvieron las intenciones de garantizar un mayor flujo de espectadores y una motivación para los inversionistas que todavía son reticentes a apostar de manera abierta a este cine caribeño.

Apenas dos comedias se presentaron en este año “Cristiano de la secreta” de Archie López, sobre las andanzas de un joven que se hace pasar como un devoto cristiano sólo para conquistar corazones, convirtiéndose en la película dominicana más taquillera de ese año, y “Mega Diva” primera incursión en la dirección de Roberto Ángel Salcedo, que cuenta la historia de una joven que sufre las consecuencias de sus malos actos de aprovechamiento para vivir de los engaños hacia los hombres para obtener beneficios monetarios.

En cuanto a los documentales, el séptimo trabajo del cineasta René Fortunato, “Bosch: presidente en la frontera imperial”, que resume los meses de gobierno del primer presidente elegido democráticamente después de la caída del régimen trujillista, fue una producción bien acogida por el público y la producción que cierra el ciclo de documentales históricos de este cineasta.

También se pudo ver el documental de “Historia del béisbol dominicano” del cineasta Miguel Vásquez, un compendio histórico sobre el deporte que más arraigo posee en el dominicano.

Los peldaños del 2010 y 2011

Para el año 2010, entre los vaivenes de las intenciones y las promesas de estructurar una base sólida para crear una industria cinematográfica local, se prosigue con producciones como la del periodista e investigador Juan Deláncer que se aproxima a auscultar la historia reciente con “Trópico de sangre”. Un tema histórico sobre la vida y las acciones en la clandestinidad para el derrocamiento de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal.

“La soga” de Josh Crook y protagonizada por Manny Pérez, sobre la vida de un sicario de la policía y su deseo de alejarse de la estructura corrupta y mafiosa de la institución. Y el documental que reúne a los más importantes pioneros de la música en República Dominicana titulado “Sol Caribe” de Félix Limardo.

En 2011 siete filmes hacen su aparición y nuevos realizadores hacen sus aportes. Laura Amelia Guzmán con “Jean Gentil”, sobre un maestro francés haitiano recientemente despedido en Santo Domingo que busca un nuevo trabajo y rehacer su vida tras un terremoto; y Leticia Tonos con “La hija natural” donde una joven busca al padre que nunca conoció después de que su madre muere en un accidente, marcan una nueva ruta en el cinema dominicano.

Junto a ellas, Jorge Morillo y Luís Morillo ofrecen el primer largometraje animado criollo, construyendo una de las fábulas más entretenidas en “3 al rescate” la cual narra la historia de un chivo, un pollo y un cerdo que, tras sospechar que se convertirán en la cena de Nochebuena, se escapan de la granja donde se encontraban, para emprender una insólita aventura.

Y como si esto fuera poco Archie López pega uno de los hits taquilleros del año con “Lotoman”, el cual une los talentos nueva vez, de Raymond Pozo y Miguel Céspedes en la que dos medios hermanos luchan por sobrevivir a las carencias económicas, hasta que un día la vida les cambia para siempre al resultar ganadores de un premio de lotería. Ambos deben asumir que el dinero puede romper sus esquemas, pero también los enfrenta a visiones distintas en su nueva condición de millonarios.

“Hermafrodita” de Albert Xavier, que inicia un proceso de exhibición en festivales de cine, obteniendo muy buena crítica, y que trata la vida de una muchacha que vive en el pueblo de San José de Ocoa en la República Dominicana que está cansada de la discriminación social debido a su hermafroditismo.

Alfonso Rodríguez presenta su filme de alto contenido erótico en “Pimp Bullies, víctimas de un prostíbulo” sobre una madre soltera de un barrio de Santo Domingo que, para salvar la vida de su hijo que sufre una enfermedad, viaja ilegalmente hacia Nueva York para ejercer allí la prostitución.

Y Roberto Ángel Salcedo busca convertir en un hit su comedia con tintes musicales en “I love bachata” que trata la historia de tres amigos quienes logran formar un grupo de bachata, en procura de desarrollar una carrera artística.

La curva se expande

A partir de la aplicación de la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica en la República Dominicana, se verificó inmediatamente una curva ascendente en cuanto a la producción y exhibición cinematográfica de cintas dominicanas.

Desde el 2012 se han estado estrenando cada vez más películas nacionales siendo los años de 2014 y 2015 bien favorecidos, los cuales cerraron con 19 producciones dominicanas presentadas en cartelera.

El 2012 inició con la exhibición de la primera película dominicana en acogerse a la nueva Ley de Cine, “El rey de Najayo”, obra de Fernando Báez Mella que hurga en las cuestiones morales y sociales de un narcotraficante. Luego, desde el cine de provincia, se verificó un filme realizado por Omar Javier quien pretendía una aproximación al cine de terror criollo con “La casa del kilómetro 5” sobre una casa embrujada de La Vega que perteneció a un campesino quien, al morir su esposa, decidió vender su alma a la oscuridad.

José María Cabral con “Jaque Mate” se impulsa nuevamente con un filme de crítica a la sociedad y a los medios de comunicación cuando un reconocido presentador de un programa de televisión se ve empujado hacia la desesperación cuando un televidente llama al programa para anunciarle que tiene secuestrados a su esposa e hijo.

Bladimir Abud realiza su ópera prima, “La lucha de Ana” con la convicción de dejar una historia con tintes de denuncia social narrando la historia de una mujer, que un día, por un accidente fortuito, su hijo es asesinado. Esto la obliga a iniciar un calvario en busca de justicia.

Mientras que Miguel Vásquez ridiculiza la función presidencial en una comedia burlesca titulada “Lío de falda”. Historia que involucra a dos comunistas dominicanos y dos independentistas boricuas que quieren impedir que la República Dominicana sea vendida a unos árabes por pura complacencia con sus esposas.

Francis Disla (El Indio) condiciona su participación en el ruedo comercial con una cinta de terror que manifiesta varias cuestiones de idiosincrasia dominicana en “El hoyo del diablo” en la que un grupo de jóvenes pasa la noche en una casa misteriosa donde pululan los fantasmas de unas personas fallecidas.

Rogert Bencosme realiza su segunda producción titulada “Lascivia” para cerrar un ciclo en su interés profesional en la que una mujer se convierte en la obsesión sexual de un poderoso terrateniente.

Alfonso Rodríguez inventa una fábula mágica de inversión de roles en su comedia con tintes sobrenaturales titulada “Feo de día, lindo de noche”, donde un hombre poco beneficiado por la naturaleza, es objeto de un hechizo que lo convierte en un hombre atractivo en las noches.

Pero el 2012 se renueva con la segunda parte del éxito deLotoman” con una versión 2.0 que hizo a su director Archie López agregar más humor a la historia. La misma sigue la historia de sus personajes principales que, luego de convertirse en millonarios gracias al juego de La Loto, continúan con su periplo existencial.

El 2013 inició con una de las acostumbradas comedias de Roberto Ángel Salcedo quien con “Profe por accidente” intenta provocar la risa fácil para seguir explorando este género con los avatares de un individuo que se hace pasar por profesor de un colegio a través de unas artimañas. Mientras que José Gómez se decanta por una historia de superación profesional en su drama “A ritmo de fe”. Es el caso de un bailarín de música urbana y de clase humilde que, por su extraordinario talento, le permiten estudiar en la academia de danza más prestigiosa de la ciudad de Santo Domingo.

La segunda producción de Bladimir Abud, “Los súper”, deja marcado este año con una fábula de villanos y superhéroes con tres personajes que se convierten, tras la ola de criminalidad circundante en su barrio, en una especie de guardianes de la justicia.

Ante esto José María Cabral les da un giro a sus historias y focaliza su intención en “Arrobá”, una especie de parodia de los viajeros del tiempo en la que unos amigos intentan robar un banco, pero como todo les sale mal, buscan la ayuda de un científico para viajar en el tiempo para volver a realizar el robo y no cometer ningún error.

Mientras esto sucede en el orden de la comedia, el realizador Félix Limardo se decanta por el drama histórico con su filme “El teniente Amado” que aborda los momentos desgarradores que atravesó el oficial del ejército dominicano, teniente Amado García Guerrero, cuando decide unirse al grupo de complotados para derrocar el régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo.

No obstante, “¿Quién manda?”, de Ronni Castillo, se convierte en uno de los filmes más agraciados del 2013 por su fórmula romántica tocando a dos personajes que ven la vida desde el lado más conveniente para sus aspiraciones. Pero lo que ambos no saben es que cada uno se enfrenta a las trampas del amor.

Mientras que Alfonso Rodríguez vuelve al tono de la comedia con “Mi angelito favorito”, cuya esencia era jugar con los hilos del destino de varios personajes a través de un despistado ángel caído del cielo.

“Ponchao’” de Josh Crook insistió otra vez en la comedia, pero con resultados diversos intentando mover las ansias del público local hacia el entretenimiento sano presentando las ansias de un individuo de jugar en las grandes ligas a cualquier costa, aunque esto le traiga problemas.

Aparte de la ficción, un documental buscó su espacio para manifestarse dentro del área comercial del cine dominicano, “La montaña” de Tabaré Blanchard e Iván Herrera, el cual se basa en la expedición de los dominicanos Karin Mella, Iván Gómez y Federico Jovine al Monte Everest en el año 2011.

José Enrique Pintor buscó encontrar nuevamente el éxito en “Sanky Panky 2”, un periplo más en la vida de Genaro ahora con un embarazo de su novia que va en camino. Mientras que el actor y director Juan Fernández cuenta una historia visceral en “El Gallo”, donde un hombre que tiene que volver a la República Dominicana, deportado por el sistema de los Estados Unidos después de cumplir una condena de 25 años en la cárcel, tiene que afrontar la vida forzado a enfrentar su pasado. Y Juan Basanta adapta la historia de la novela `Una rosa en el quinto infierno´ de William Mejía en la que dos jóvenes enamorados se ven impedidos de establecer sus relaciones amorosas. La novela se contextualiza en la dictadura trujillista, pero Basanta la adapta a un Santo Domingo futurista bajo el título cinematográfico “Biodegradable”.

Entre tanto, Alan Nadal Piantini recorre por la vida de varios personajes encerrados en una habitación para expiar sus pecados en una farsa titulada “Noche de circo”. Y el 2013 cierra con el drama de amor prohibido en “Cristo Rey” de Leticia Tonos que cuenta la lucha por amor de un joven domínico-haitiano de establecer su romance con una joven dominicana.

Para el 2014, Roberto Ángel Salcedo, como es habitual, inicia un período muy variado en la constelación fílmica dominicana. “Vamos de robo!” toma un espacio para seguir con la comedia. El drama histórico de Leo Silverio “Duarte, traición y gloria”, coloca la figura del patricio Juan Pablo Duarte en una óptica cinematográfica de particular exploración.

Alfonso Rodríguez prosigue aumentando su filmografía con el drama “Locas y atrapadas”, una conversación entre mujeres maltratadas. Y Francisco Valdez sitúa la comedia en otro nivel argumental con “De pez en cuando”, en la que un escritor frustrado que tiene poca sed de vivir, es protagonista de un suceso que altera su cotidianidad. Y en este mismo año Archie López concluye con su trilogía de “Lotoman” con “Lotoman 003” en la que sus dos personajes principales aceptan una propuesta que les propone un comando especial de la policía para convertirlos en agentes secretos.

Un joven realizador de nombre Héctor Valdez presenta ante el público su ópera prima “Al sur de la inocencia”, una exploración a los sentimientos de unos jóvenes que huyen de la funesta realidad. Mientras que “La extraña” de César Rodríguez (cineasta dominicano radicado en Puerto Rico) hace un remake del filme francés “L’étrangère (Sergio Gobi, 1968) para relatar el encuentro de un dueño de una editorial con una mujer hermosa que lo involucra en un espiral de peligrosa pasión.

A esto se le suma un particular estreno documental realizado por Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas en la ciudad de México titulado “Carmita” sobre la actriz cubana Carmita Ignarra quien tiene la visita inesperada de Laura e Israel para permitir un asomo a su mundo anclado a los recuerdos de su época dorada.

“El pelotudo”, de Raymond Hernández Jr., es otro de los filmes que intentó moldear la fórmula de la comedia dominicana teniendo al béisbol como punto central. José María Cabral da un salto diferente en su carrera cuando plantea un thriller psicológico y de ciencia ficción en “Despertar” sobre un individuo que busca desesperadamente a su esposa hasta el punto de pensar que todos conspiran contra él.

La comedia con fórmula internacional también se produjo en este año siendo “Quiero ser fiel” de Joe Menéndez, un aliento fresco en el panorama local. Un escritor está redactando un libro acerca de por qué son infieles los hombres, pero en el trayecto se enfrenta con situaciones que ponen en riesgo su fidelidad y la finalización del libro.

Mientras que Ronni Castillo vuelve a intentar con la comedia, pero esta vez con ciertos enredos amorosos de su personaje central en “El que mucho abarca”. Un joven empresario de una conducta rutinaria y larga relación con su novia, empieza a complicar su vida cuando intenta ser infiel por primera vez.

En el caso de Francis Disla (El Indio), éste prueba con una comedia coral titulada “Un lío en dólares”, donde le sirve para tomar experiencias en el género relatando la historia de un cantante de bachata dominicano que viaja a la ciudad de Nueva York en busca de una mejor vida, pero su viaje y estadía se convierten en una extensa cadena de complicaciones y confusiones de identidad que ponen su vida en peligro.

La fórmula de la acción sorprende en el ámbito local con el filme de Pedro Urrutia titulado “Código paz” que cuenta las ambiciones de un joven de tener dinero a toda costa, aunque sea a través del robo de casas de personas adineradas.

Otro caso fue para “Primero de enero”, de Erika Bagnarello, una cinta donde los niños tienen la palabra en una historia donde unos niños van en busca de un piano el cual desencadena un viaje por toda la República Dominicana.

El musical también deja su huella en el 2014 con el trabajo de Manuel Villalona, “Yo soy la salsa”, un compendio sobre la historia de la salsa y del músico Johnny Pacheco. Por otro lado, el cine fuera de las ataduras comerciales y presiones de taquilla se estableció con la obra de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, “Dólares de arena”, adaptación de la novela de Jean-Noël Pancrazi que relata la vida de una joven dominicana que se prostituye en las playas de Las Terrenas con el único fin de sobrevivir a una vida de carencias, alcanzando a compartir con francesa de edad madura.

Por su parte, José Enrique Pintor suelta su drama de tercera edad “No hay más remedio” en la que tres ancianos con problemas toman una decisión de cometer un atraco a una farmacia para conseguir el dinero necesario para realizar cada uno su sueño personal.

Etzel Báez también explora el hecho histórico en “339 Amín Abel Hasbún. Memoria de un crimen” sobre la figura de este dirigente estudiantil, y el drama biográfico de Vicente Peñarrocha titulado “María Montez”, sobre la vida privada y profesional de María Montez que, gracias a su carisma, exótico físico y perseverancia, logró convertirse en la primera actriz dominicana en entrar a la industria de Hollywood.

La comedia, el drama y el documental priman dentro de un año 2015 de exhibiciones record, igualando el año anterior con 19 producciones cinematográficas dominicanas estrenadas.

Nuevamente el año le da la entrada a Roberto Ángel Salcedo con los enredos de “Pa’l campamento” con la historia de un individuo que, con tal de conquistar el corazón de una joven, se infiltra como guardia de seguridad a un campamento escolar donde ella trabaja.

Mientras que Archie López cuenta su historia de unos juerguistas en “Los paracaidistas”. Y Alan Nadal Piantini estrena su segundo largometraje, esta vez, por los pasillos de la comedia romántica en “Una breve historia de amor” con el personaje de un director creativo de una gran agencia publicitaria, que ve cambiar su estilo de conquista cuando conoce a una nueva ejecutiva de cuentas de la cual se enamora.

Virginia Sánchez Navarro, una nueva realizadora, hace su entrada en el cinema dominicano con “Bestia de Cardo”, un drama de crítica a una sociedad de hipocresía. La acción se coloca como propuesta con “Morir soñando” de Josh Crook donde las vidas de un hombre y una mujer comienza a peligrar cuando una gran organización criminal intenta utilizarlos para llevar a cabo una operación de alto riesgo nacional.

Y José María Cabral se determina a presentar su parodia detectivesca “Detective Willy”, narrando la historia de un policía de un pequeño pueblo que se las arregla para ser asignado para investigar el misterioso robo de un valioso artefacto del patrimonio histórico.

La sorpresa de este año vino de la mano de Ernesto Alemany quien presenta un filme de variopintos personajes en “La Gunguna”, acogida con muy buena crítica. Toma la historia de una pequeña pistola que se convierte en la maldición de todo aquel que la quiera poseer.

El documental vuelve a manifestarse con dos producciones con “Blanco” de Melvin Durán, una humana exploración a una comunidad albina rural y “Tú y Yo” de los realizadores Natalia Cabral y Oriol Estrada sobre la convivencia de una doméstica y la dueña de la casa donde labora.

El drama de superación, “Pueto’ pa’ mí” de Iván Herrera coloca un argumento de inspiración sobre los jóvenes intérpretes de la música urbana. Guillermo Zouain ofrece su carta de presentación con una sencilla historia sobre la amistad y el descubrimiento en “Algún lugar”. Mientras Roberto Ángel Salcedo presenta su comedia de enredos “Todo incluido” donde en una convención de ventas en un resort comienzan a ocurrir una serie de situaciones en la vida de los participantes.

La comedia de corte internacional “Ladrones” de Joe Menéndez intenta llevar el producto local hacia otros mercados con una historia de dos ex ladrones que se unen para ayudar a una humilde comunidad tejana a recuperar los terrenos que les fueron robados por una mujer poderosa.

El tema del narcotráfico también fue parte de las propuestas de este año a través del drama “Oro y polvo” de Félix Limardo. Otro documental deja su huella en la cartelera, aunque con exhibición limitada, donde se expresa la riqueza que posee la plástica dominicana en “La República del color” de Héctor Valdez.

El guionista Daniel Aurelio se enfrasca en su primera dirección en “Dinero fácil”, una trama de intrigas y engaños. Mientras que Archie López pega nuevamente con su fórmula comercial en la comedia “Tubérculo gourmet”, una trama que explota la idiosincrasia rural dominicana y que muestra a ese hombre rural que antepone la ingesta de provisiones locales frente a cualquier otra prioridad existencial.

Agliberto Meléndez se apoya en el dato histórico para explorar la vida de José Francisco Peña Gómez en su drama “Del color de la noche”. Y la comedia infantil cierra un 2015 con una historia donde los niños y el béisbol son los protagonistas en “Los fabulosos ma’ mejores” de Carlos Plasencia.

El 2016 sigue marcando la ruta

En el 2016 se prosigue con un conjunto de filmes que, de una forma u otra, intentan establecer la ruta por la cual el cinema nacional debe transitar, encarando los retos por venir, apoyados por la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica en la República Dominicana y garantizado por las ejecuciones de la Dirección General de Cine (DGCINE).

Durante este año la comedia continúa sustentando las ofertas de la cartelera criolla con el inicio del estreno de “Mi suegra & Yo”, un relato en la que su director Roberto Ángel Salcedo detalla la ocurrencia de una suegra con respecto a la relación de una pareja de recién casados que acepta su permanencia temporal en la casa de ambos, desatando una serie de situaciones impredecibles.

En este mismo año Salcedo también tuvo la oportunidad de ofrecer al público nacional otra de sus producciones titulada “¿Pa’ qué me casé?”, en la que retoma el tema de las parejas, esta vez en proceso de divorcio, y que tienen que vivir con los cambios que supone una nueva vida.

Mientras que Francis Disla (El Indio) propone una comedia de acción con “Dos policías en apuros” mezclando la fórmula de situaciones fuera de control con una carga de hilaridad dentro de un contexto urbano de investigaciones y de delitos internacionales.

Dentro de la exploración en ese mismo tono se produce con otro filme, “Catastrópico”, que combinó la aventura y la acción para contar cómo una actriz de Hollywood lucha por volver a la civilización después de que su jet privado sufriera un intento de secuestro, dejándola perdida en la selva.

Dirigida por el novel realizador Jorge Hazoury, esta comedia presentó un avance en la utilización de los efectos visuales integrada a la narrativa de las comedias dominicanas que sirvió para colocar un nuevo tope en el avance técnico.

Dentro de este mismo terreno, y gracias a las bondades la Ley de Cine, le permitió al productor y director español Manuel Gómez Pereira realizar en el país una versión `tropicalizada´ de su exitosa comedia “Todos los hombres sois iguales” de 1994, la cual fue adaptada como “Todos los hombres son iguales” en la que se presenta los juegos de los roles machistas de tres hombres frente a la presencia de una joven que trabaja en la casa donde viven.

Un perfil parecido, pero siguiendo ciertas reglas del condicionamiento de los roles masculinos dentro del cine dominicano, se presenta en la comedia “Loki 7” de Ernesto Alemany. Una historia en la que unos amigos intentan estafar a un capo del crimen dominicano para obtener dinero suficiente y poder pagar una deuda a un mafioso ruso.

Aunque esta comedia no buscaba establecer un patrón distinto a lo establecido dentro del panorama local frente al género, ofreció las pistas necesarias para diferenciarse en cuanto a su tono y perspectiva narrativa.

El productor y director Archie López sigue explorando las mismas condiciones de la fórmula de la comedia criolla que utilizó en “Tubérculo gourmet” para transportarlo a la segunda parte, “Tubérculo presidente”, el cual se apoya en la desmitificación de la figura presidencial para preparar un terreno fértil donde las ocurrencias fluyan apoyadas por el propio personaje.

El 2016 también fue un buen año para el género documental, ampliando la cartelera con interesantes propuestas que estuvieron marcadas por el lado humano y la perspectiva social.

Entre esas propuestas de documental que completaron la cartelera de este año se encuentran: “Nana” de Tatiana Fernández Geara, tema sobre las nanas o niñeras que cuidan a los hijos de otras familias, mientras dejan los suyos en el cuidado de otros familiares.

“Allen report” de Alanna Lockward, un documento audiovisual que se revela como un magnífico recuento del legado de la Iglesia Africana Metodista Episcopal (AME) en la República Dominicana, Haití y Namibia, teniendo como su lugar de origen los Estados Unidos.

“Camino a Higüey” de Abi Alberto, que muestra las múltiples dimensiones de una de las tradiciones más arraigadas en la idiosincrasia religiosa, cultural, del pueblo dominicano, especialmente los peregrinajes que se manifiestan al calor del culto a la Virgen de la Altagracia. “Caribbean Fantasy” de Johanné Gómez, la cual recrea una historia de amor entre las dos orillas del río Ozama y la dura realidad de su entorno social con la presencia de dos personajes que buscan hacer sus respectivas vidas a pesar de las precariedades y la marginación social.

El documental ecológico “Muerte por mil cortes” (Death by a Thousand Cuts), de Juan Mejía Botero y Jake Kheel, hace un interesante aporte sobre las consecuencias de la deforestación y cómo los árboles de la frontera dominicana son cortados de manera ilegal para hacer carbón y vendidos por sacos en Haití.

“Si Dios quiere Yuli” (Si Bondye Vle, Yuli) del cineasta domínico-haitiano Jean Jean, relata la vida de Yuli, su madre, una mujer haitiana que vive en la República Dominicana hace más de 35 años, luchando permanentemente por criar a los suyos con dignidad, pese al precario estatus migratorio con el que ha vivido desde entonces.

Con el género del drama, propuesto para el 2016, también se comprobó que todavía sigue desarrollándose en sus temas históricos y sociales, independiente de la aceptación del público. Propuestas diversas estuvieron en cintas de corte histórico y biográfico como es el caso de “Girasol”, de Dilia Pacheco Méndez, que basa su historia en la vida real del empresario Víctor Méndez Capellán, hijo de dos campesinos, que queda huérfano a los 7 años y decide emprender su camino que lo lleva a enfrentar obstáculos, tragedias, pero alcanzando grandes logros.

“Flor de azúcar” de Fernando Báez Mella en la que adapta el cuento del literato Juan Bosch `La Nochebuena de Encarnación Mendoza´ presentando a un joven campesino dominicano quien se enfrenta a la hostilidad e injusticia de la dictadura de Trujillo que lo obliga a huir dejando a su familia.

El tema social dentro del drama vino a través de los títulos “A orillas del mar” de Bladimir Abud, que cuenta la historia de un adolescente de una comunidad pesquera, quien decide ir en búsqueda de su padre, cayendo en la marginalidad y abandono en las calles de Santo Domingo. “La familia Reyna” de Tito Rodríguez, plantea el regreso de un hombre a su pueblo en busca de redención, pero debe ganarse el perdón de los miembros de su familia, en especial, el de su hermano.

Con “El camino correcto” de José Carlos Goma, se establece la voluntad de producir películas de bajo presupuesto desarrollado en las provincias, en este caso, en la ciudad de Bonao. La misma cuenta cómo las tentaciones se pueden presentar cuando un joven se va del campo para buscar trabajo en el pueblo, pues su madre está enferma. Pero que esto le hace vivir una serie de experiencias que ponen a prueba su integridad como persona.

“Cuentas por cobrar” de Ronni Castillo, busca presentar un discurso social y denuncia a través de un personaje que ha cumplido con la justicia durante diez años y que intenta enderezar su vida con un trabajo digno, pero la enfermedad de su hijo lo obliga a cambiar sus planes y hacer trabajos que lo colocan nuevamente en el peligro de volver a la cárcel.

Con “Verdad o reto”, de Suzette Reyes, este drama romántico encuentra su fórmula para contar el amor de una joven pareja que tiene que luchar con una grave enfermedad que hace que ponga las vidas de ambos en una nueva perspectiva.

La diversificación del drama

En el 2017 el drama tuvo uno de sus mejores años por la diversificación temática y por el reconocimiento foráneo que este género alcanzó durante sus exhibiciones en festivales internacionales. Prueba de estos son las 14 producciones cinematográficas de este género que enriquecieron la cartelera local y que hizo la distinción con respecto a los demás géneros ofrecidos.

Entre estas producciones se encuentran tres de corte social como son “Carpinteros”, de José María Cabral, una de las más premiadas internacionalmente de este año, que cuenta las condiciones de las cárceles del país: Najayo y La Victoria, en la que se inserta una historia de un romance que busca mostrar que, independiente de las limitaciones, el amor puede surgir en cualquier lugar.

“Y a Dios que me perdone”, de Ángel Muñiz, una denuncia social que este realizador hace con un discurso sobre la corrupción institucional a través de un policía que, por las precariedades en que vive, tiene que hacer todo a su alcance para salvar la vida de su esposa, aunque sea transgredir las propias reglas de la institución.

La difusión de la película se realizó bajo una dinámica comercial establecida por primera vez para un filme dominicano, aunque tuvo una premier en una sala de cine de Santo Domingo. El filme no fue distribuido en las salas comerciales, sino que fue transmitido en televisión nacional a través de Color Visión (Canal 9), el 26 de febrero de 2017 y por la plataforma de YouTube.

“El hombre que cuida”, de Alejandro Andújar, historia de un hombre que cuida la casa veraniega de una familia rica y que, a su vez, tiene que lidiar con la presión social del lugar por haber sido engañado por su mujer y de las veleidades del hijo del dueño que suelta sus inseguridades en la noche que utiliza la casa, a escondidas de su padre, con el objetivo de pasarla a gusto junto a unos amigos.

Las demás rutas discursivas propuestas en el drama aportaron también nuevas formas narrativas que continúan enriqueciendo su estatus como género. “Voces de la calle”, de Hans García, propone el drama urbano como una respuesta diversificada al mismo tema de la moraleja social en la que tres amigos deciden salir triunfantes del barrio poniendo a prueba la lealtad y el deseo de superación, pero la única herramienta con la que cuentan es su talento musical.

“Reinbou”, de Andrés Curbelo y David Maler, pieza cinematográfica que es una adaptación de la novela de Pedro Cabiya y que describe la historia de un niño soñador que cree en la magia de los arcoíris e intentando buscar a su padre que nunca conoció en tiempos de la Guerra Civil dominicana de 1965.

Con “El encuentro”, Alfonso Rodríguez se coloca en el drama con tintes sobrenaturales al abordar un tema sobre un hombre que sufre la dolorosa pérdida de su esposa. No obstante, el fantasma de ella lo aconseja a seguir su vida a través de un nuevo amor. Por su lado, “Sambá”, de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, toma la historia de un hombre que vuelve a la República Dominicana tras pasar 15 años en prisión en los Estados Unidos, y ante la dificultad de encontrar trabajo, recurre a las competiciones de boxeo para ganar dinero fácil y rápido.

Curiosamente el realizador Archie López se arriesga a mostrar, por primera vez en su filmografía, un drama y lo hace a través del filme “Luis”, una historia de contexto familiar que se centra en las acciones de un joven, cuyo estricto padre tiene que darle una lección de vida cuando este infringe la Ley, dejando a ambos en una lucha con sus propias contradicciones.

El thriller también estuvo presente con la película “7 muertes” en la que el realizador español Gerardo Herrero, utilizando los paisajes naturales del país, urde una trama que envuelve a una joven quien sospecha que un autor de novelas de misterio es quien está detrás de varias muertes sospechosas.

Un tema de moraleja cristiana, un drama con tintes cómicos y un drama fantástico también se aproximaron a la cartelera local. “Reinicio”, de Oscar Gutiérrez y Rafael Peña, lleva un mensaje de moraleja cristiana con los hechos de un empresario que, a lo largo de toda su vida, va sembrando odio, resentimientos, y destrucción entre sus relacionados más cercanos, pero su vida cambia por esos mismos hechos que él estaba llevando a cabo.

“Misión Estrella”, de Fernando Báez Mella, propone también la lección de vida con la historia de un repartidor de una tienda de abasto que encuentra la oportunidad de cumplir su sueño de participar en un popular programa de televisión. Pero esto lo aleja de su esposa, teniendo luego que decidir qué es lo más importante en su vida.

“Azul magia”, la única producción de género fantástico, permitió analizar una historia de los aborígenes de la isla. Dirigida por Yoel Morales muestra un lugar remoto de la isla de Santo Domingo, en la que un joven tiene un encuentro con una aborigen que llega a estos tiempos a través de un portal dimensional quien le enseña la nobleza de esta raza.

También el tema de la migración y la inclusión social fueron aportados por el cine dominicano durante este año. “Patricia, el regreso del sueño”, primera incursión en la ficción del documentalista René Fortunato, trata la historia de un joven quien luego de vivir por varios años en Nueva York, regresa a su país donde conoce a Patricia de quien se enamora, todo esto en medio de la dramática complejidad que se vive en el país con respecto a aquellos que deciden regresar.

Sobre la inclusión social se encuentra “Mañana no te olvides”, de José Enrique Pintor, en la que un joven con síndrome de Down crea un lazo especial con su abuelo, quien sufre Alzheimer. Ambos descubren lo mucho que tienen en común con respecto a su visión de la vida y la felicidad.

Dos documentales y una película de terror también formaron parte de las propuestas que se presentaron durante el 2017. “Jeffrey”, de Yanillys Pérez, película documental sobre la lucha de un joven para convertirse en un cantante de reggaetón profesional y “Hay un país en el mundo”, de José Enrique Pintor, un documento audiovisual basado en el poema del poeta nacional Pedro Mir, muestra un recorrido por los paisajes naturales de la República Dominicana, exponiendo los valores históricos, culturales y sociales del país, y aderezado con la participación de músicos del merengue y la bachata.

En cuanto al filme de terror, este abarcó una propuesta simple de relato fantasmal con “Cuentos de camino”, de Javier Vargas, en la que un señor afirma que durante toda su vida se ha dedicado a contar cuentos de horror, que, según él, le ocurrieron durante su juventud, y en la que habla de los encuentros y diálogos que sostenía con sus antepasados.

En cuanto a las comedias, el 2017 se mantuvo ofreciendo propuestas que pudieran mantener el interés del público hacia ellas. Dentro de este panorama se manifestaron tres historias dirigidas por Roberto Ángel Salcedo. “Súper papá” en la que él mismo interpreta a un joven padre que, luego de quedar viudo, debe criar a sus seis hijos en medio de una batalla legal con sus suegros.

“El plan perfecto”, donde un grupo de amigos, que trabaja en un almacén que pasa por problemas financieros, se involucra en una trama peligrosa cuando desaparecen todos los productos almacenados, obligándolos a huir de la policía hasta que puedan descubrir el responsable de este hecho. Y la tercera, “Pasao de libras”, cuya trama gira en torno a tres personajes que están en sobrepeso y por motivo de salud y debido a la presión social deciden someterse a una cirugía bariátrica para bajar de peso.

Dentro de este género, la comedia de ciencia ficción también se convierte en una propuesta a través de dos argumentos. “Melocotones”, de Héctor Valdez, remake del filme australiano “The Infinite Man”, en la que un joven, tratando de arreglar los problemas sentimentales con su novia, viaja al pasado para poder solucionarlos, pero cada vez que lo intenta se complican las situaciones en su entorno. Y “Ovni”, de Raúl Marchand Sánchez, en la que un humanoide que llega en la noche a la región montañosa de El Cibao, y se topa con un expiloto de la Fuerza Aérea Dominicana, el cual piensa es su primo hermano que no ha visto en muchos años. De ahí en adelante comienzan a suscitarse una serie de eventos que ponen a prueba su valentía y amistad.

Otras comedias expuestas durante este año plantearon también distintas historias con la pretensión de ampliar el panorama. “El peor comediante del mundo”, de Luis Corporán, donde un comediante está pasando sus peores momentos por su indisciplina y la manera en que ha estado manejando su carrera.

“Todas las mujeres son iguales”, de David Maler, quien presenta la situación de cuatro mujeres que realizan una escapada de fin de semana para tener una pausa en sus relaciones con los hombres. Pero sus acciones están siendo vigiladas por sus maridos y un investigador privado.

“Dos compadres y una yola”, de Félix Peña, que cuenta cómo dos hombres, perdidamente enamorados, deciden emprender un viaje en yola desde la República Dominicana hasta Puerto Rico para encontrarse con las mujeres que dejaron sus corazones flechados.

Y “Colao”, comedia romántica dirigida por Frank Perozo que muestra a un cafetalero, de una zona rural, humilde y soltero quien decide que ya es tiempo de emprender la búsqueda en la capital del amor correspondido. Cinta de fórmula que garantizó una buena recepción del público dominicano convirtiéndola en una de las más taquilleras del 2017.

El tema histórico se fortalece en el 2018

En este año el drama de corte histórico biográfico tuvo una participación destacada por las películas estrenadas evidenciando un mayor nivel de producción.

El estreno de “Rubirosa”, dividido en tres entregas para las salas de cine y dirigida por un conjunto conformado por Hugo Rodríguez, Carlos Moreno, Juancho Cardona, Manolo Cardona y Mauricio Lule, se convirtió en la producción de este género más costosa realizada en el país hasta la fecha. Su propuesta también hace realidad las intenciones de varios años de llevar la vida de Porfirio Rubirosa Ariza, diplomático, militar, piloto automovilístico y jugador de polo dominicano quien también fuera yerno del dictador Rafael Leónidas Trujillo.

La producción abarcó diferentes locaciones tanto de la ciudad de Santo Domingo como del interior del país, recreando los distintos años en que este personaje estuvo gravitando en los sectores de la alta sociedad local e internacional.

Entre otras producciones que intentaron abordar también este género estuvieron “La tragedia de Río Verde”, de Miguel Vásquez, una historia que recrea la catástrofe aérea de Río Verde, en la que murieron los integrantes del equipo de béisbol de Santiago, en el año 1948. Y “Veneno, primera caída: el Relámpago de Jack”, de Tabaré Blanchard, filme biográfico que narra el inicio de los luchadores Rafael Sánchez, mejor conocido como Jack Veneno y de su némesis José Manuel Guzmán, mejor conocido como Relámpago Hernández.

Un adecuado intento de reproducir y contextualizar un producto criollo que sea reconocido inmediatamente por las audiencias locales ya sea por su característica como espectáculo o por su valor sociológico.

En el 2018 un drama alcanzó a manifestarse como una importante alternativa fílmica con cierta validez en cuanto a su temática y estilo. Este fue el filme de corte antropológico “Cocote” de Nelson Carlo de los Santos Arias, ganador de varios premios locales e internacionales. La historia se ubica en la manifestación de un jardinero evangélico quien regresa a su pueblo natal para asistir al entierro de su padre asesinado por un hombre influyente. Para despedir al muerto, se ve obligado a participar en cultos religiosos contrarios a sus creencias y voluntad.

La concepción de “Cocote” rompe con todo lo establecido en términos estéticos y argumentales, pues su aproximación al cine antropológico le confiere un status totalmente distinto a esa paleta de colores manifestada en el discurso criollo.

Otros dramas también intentaron aproximarse a distintos temas que van desde el psicológico, suspenso y hasta la lección moral. “Amigo D”, dirigido por Francisco Valdez, cuenta las historias de personas comunes que se ven obligadas a afrontar los pecados de su pasado teniendo a un personaje enigmático y sombrío cuya única misión es reunir almas perdidas y probar sus límites.

Con “El clóset”, de Miguel Vásquez, revela un argumento en la que propone la historia de un sacerdote católico que se ve atrapado dentro un clóset del cual trata de salir acudiendo a la ayuda de diferentes sectores de la sociedad. En el proceso de su lucha se va percatando de todo un andamiaje en su contra.

“Pulso”, de Giancarlo Beras-Goico, se somete a las veleidades de un hombre de 55 años, padre y esposo fiel, quien atraviesa una crisis matrimonial que le lleva a tomar una decisión que le cambiaría la vida a él y su familia cuando es infectado con VIH. Mientras que “En alta mar” de Alfonso Rodríguez, muestra la infidelidad de un individuo quien se relaciona con su cuñada. Al intentar navegar en un bote en medio del mar se detienen por una avería. Entonces ellos se las ingenian para ser rescatados sin que nadie sospeche de la infidelidad de ambos.

Otros relatos dramáticos apuntan a la diversidad argumental como son los casos de “Hermanos”, de Archie López, película de corte cristiano que cuenta la historia de dos hermanos gemelos que son separados al nacer. Al crecer en ambientes muy diferentes, uno se convierte en un devoto cristiano y el otro en un vulgar ladronzuelo. Pero sus vidas se cruzan por un accidente donde el ladrón suplanta la vida del cristiano, revalorando toda su perspectiva de la familia y el hacer lo correcto.

Por este mismo camino moralizante está “Jana”, de Federico Segarra, la cual relata las consecuencias de una joven cuando sigue una secta con doctrinas erradas, pero también demuestra cómo el amor de Dios puede alcanzar y transformar vidas sin importar las caídas que se han producido en la vida. “Botija”, de Fernando Fabian, muestra los afanes de un hombre que hace lo imposible para salvar su vida y la de su familia a través del descubrimiento de la verdad detrás de la leyenda de una botija.

Con “Lo que siento por ti”, Raúl Camilo, hace su primera incursión en el largometraje de ficción al proponer un drama de inclusión social basado en tres historias reales paralelas sobre una madre soltera que es abandonada por su esposo y queda sola con sus dos hijos autistas adolescentes; un matrimonio que está colapsando al intentar durante ocho años tener hijos sin éxito; y la oportunidad que se le presenta a un padre de un niño con síndrome de Down, quien participa en las Olimpiadas Especiales de América Latina, para vivir juntos durante la competencia, hecho que hace cambiar positivamente la relación.

Por otro lado, el tema de la migración vuelve a manifestarse en este año a través del filme “Juanita”, de Leticia Tonos, un relato sobre una mujer que regresa a su tierra natal para pasar la Navidad con sus seres queridos, pero su condición de inmigrante en otro país la convierte en una extraña antes los ojos de su propia familia.

A este año también se añade el único documental exhibido, “Noelí en los países”, de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, y que recrea el acompañamiento a la joven Noelí cuando esta viaja a Europa por primera vez para filmar en Venecia, situación que le permite un reencuentro con su madre, quien trabaja como empleada doméstica en España, la cual tiene seis años que no la ve.

En el terreno de la comedia, el 2018 se mostró con cierto aire aliciente para seguir auspiciando un cine que simpatice con el público dominicano. Roberto Ángel Salcedo demostró sus fuerzas para seguir conquistando ese público a través de dos producciones, “Pobres millonarios” que narra la historia de una familia que se ve en la pobreza y es obligada a buscar residencia en un barrio pobre de la capital; y “Jugando a bailar”, en la que dos compadres están pasando por una difícil situación económica, lo cual se ven forzados a formar una liga de baseball para niños con la posibilidad de ganarse un gran premio en metálico.

Las demás propuestas se movieron por distintos terrenos que le ofrecía el género con el objetivo de refrescar las temáticas. En este sentido, “Cómplices”, de Luis Eduardo Reyes, se mostró con la capacidad de utilizar las facilidades técnicas y paisajes locales para producir productos exportables hacia mercados más amplios. Con un elenco local e internacional, narra la historia de un seductor que ha dedicado su vida a conquistar a las más bellas mujeres, con la complicidad de su mejor amigo. Cuando estos se preparan para un viaje a la República Dominicana, uno de ellos enferma obligando al otro a llevar a su sobrino, un muchacho de 20 años que está sumido en la depresión por perder a su primer amor, situación que le hace tener ciertas lecciones reflexivas.

“El fantasma de mi novia” dirigida por Francis Disla (El Indio) y también con un elenco internacional, presenta a una impertinente y arrogante actriz de Nueva York, que viaja a la República Dominicana para filmar una película. Pero antes de comenzar tiene un terrible accidente, quedando en coma y cuyo espíritu empieza a divagar teniendo que buscar a la única persona que puede verla para que la ayude.

Con “Trabajo sucio” David Pagán busca en la comedia un punto de proponer su estilo al contar la historia de un grupo de empleados de una casa de ricos que busca la manera de reivindicar sus derechos laborales, pero lo que inicia con la intención de acabar con todas las injusticias a las cuales son sometidos, acaba convirtiéndose en una noche de locura en la que se analiza la condición humana. Y “Un 4to. de Josué”, de Gabriel Valencia, explora las condiciones de un peculiar joven que se encuentra en su último año de bachiller. Después de varios años enamorado de su mejor amiga, está listo para confesar su amor y buscarle sentido a la vida.

“Qué León”, de Frank Perozo, una de las películas de factura local más taquillera de este año, se responde a sí misma con la fórmula romántica al plantear la historia de amor de dos jóvenes de clase social muy distinta que, por coincidencia tienen el apellido León, pero cuyos padres se oponen ocasionando un sinnúmero de situaciones donde siempre prevalece el amor.

Más comedias, romances y otras apuestas argumentales

Para el año 2019 el crecimiento productivo se pone en evidencia con las películas estrenadas durante este periodo. Las 27 producciones cinematográficas mostraron el interés de los productores de diversificar los temas y reforzar el género de las comedias con fórmulas ya probadas en el cine y adaptándola al contexto local.

Dentro de ese grupo de comedias que se amoldaron a la fórmula romántica se verifican películas como “La musiquita por dentro”, de Ernesto Alemany, una suerte de historia sobre un tipo muy tímido el cual se enamora y no sabe cómo conquistar a la mujer de sus sueños.

José Enrique Pintor también aporta sobre el tema romántico con “Sol y Luna / Dos mejor que una”, la cual fue filmada en la República Dominicana y España y se enfoca en los avatares románticos que tiene un joven que, durante la investigación de un documental sobre los inmigrantes, se encuentra en un dilema amoroso, atrapado entre una chica española y una dominicana.

En el contexto de comedia romántica con elementos fantásticos se exhibió “Cinderelo”, de Beto Gómez, comedia que retoma el argumento de “Feo de día, lindo de noche” (Alfonso Rodríguez, 2012) para entregar una nueva visión más internacional relatando la historia de un talentoso fotógrafo poco atractivo y sin suerte que se transforma cada noche en un apuesto galán bajo la guía de un padrino mágico por lo que desde ese momento se ve en la obligación de llevar una doble vida mientras encuentra su verdadero amor.

“Kanibarú: visa por un sueño”, de Alfonso Rodríguez, presenta también una historia en la que se mezcla el tema aspiracional con las incógnitas del amor al revelar una historia de una pareja que, junto a un grupo de jóvenes aficionados al baile urbano, tiene el interés en participar en una competencia de comparsas del carnaval para poder llegar a la ciudad de Nueva York y establecerse allí.

Las demás comedias tantearon otras posibles temáticas como fueron las dos producciones de Roberto Ángel Salcedo, exhibidas durante este año. La primera, “Casi fiel”, se centra en la vida de un joven empresario que se va enredando en un mundo de fiestas y mujeres que le crean situaciones inesperadas para lograr un profundo cambio en su vida. Y la segunda, “El equipito, capítulo 1: todo por una herencia”, en la que dos personajes forman un equipo para descubrir la misteriosa desaparición de los documentos de una herencia que le fue concedida a uno de ellos.

“La barbería”, de Waddys Jáquez, en la que este autor pinta una comedia teniendo distintos perfiles de ese dominicano residente en la ciudad de Nueva York. Propuso como protagonista principal a un joven que lleva años custodiando la pequeña barbería de su familia en Washington Heights con la ayuda de su tío, pero los tiempos están cambiando y el dinero hace falta, por lo que deciden venderla, pero esto desata una serie de objeciones de esa comunidad dominicana que son sus clientes.

En el tono de comedia urbana, Eddy Jiménez, con “Atrako por joder” relata cómo un grupo de amigos, cansados de la monotonía, decide convertirse en nuevos atracadores desencadenando una serie de eventos incluyendo el asalto a un cantante de música urbana que, en vez de despojarlo de sus pertenencias, deciden llevárselo de parranda por la cuidad.

Con “La maravilla”, David Pagán introduce el humor bizarro al contexto local proponiendo una historia en la que un grupo de inquilinos de un destruido edificio de apartamento con problemas económicos, se ve amenazado por los nuevos propietarios quienes tienen las intenciones de desalojarlos. Esto desata un plan que coloca la situación cada vez más impredecible.

En otros términos, se presentó la comedia “Guzbay New York”, de Víctor Reyes, sobre un dominicano que luego de 15 años viviendo en la ciudad de Nueva York, la situación económica lo obliga a regresar a la República Dominicana. Un tema de migración que ha sido recurrente en las propuestas de este género.

“Súper bomberos”, de Francis Disla (El Indio), manejó el tono de comedia de acción con un argumento en la que un cuerpo de bomberos de una ciudad hace un llamado solicitando nuevos miembros para formar parte de un escuadrón elite de bomberos. Los reclutados, sin tener las cualidades necesarias, tratan de ajustarse a los entrenamientos con todas las dificultades posibles.

Y “Los Leones”, segunda parte de “Que León”, dirigida por Frank Perozo, auspicia nuevamente el modelo de la primera entrega, ampliando el margen de la historia y creando otras situaciones con la vida de la pareja de recién casados y los bemoles que tienen con sus respectivas familias.

En el plano del drama, la situación del cine dominicano, con respecto a este género, se enfocó en determinar aún más su atractivo temático. Prueba de esto es el filme “Colours”, de Luis Cepeda, sobre una joven artista plástica que se encuentra en una búsqueda permanente sobre su arte y sobre las pinturas que ella misma realiza, las cuales, según su sentir, ninguna está terminada todavía.

“Cara a cara”, de Manny Paulino, drama de acción que circunda el tema de venganza con una historia que se centra en una joven mujer, que luego de ser violada, decide transformarse en una poderosa contrabandista de joyas y vengarse de sus agresores.

En un tenor parecido se encuentra “Encargo”, de Juan Ramón Martínez, que narra la historia que vive un joven cuando recibe una llamada equivocada que lo coloca en un trayecto intrigante, viéndose involucrado en secuestros, asaltos y otros hechos de la realidad social.

El tono erótico también se convirtió en una propuesta arriesgada para el cinema dominicano a través del filme “En tu piel”, dirigida por el chileno Matías Bize. Sus actores, Eva Arias y Josué Guerrero, asumen los roles de dos personajes que tienen encuentros intensos de sexo, descubriendo luego que las complejidades humanas van más allá del simple intercambio de relaciones íntimas.

Otra interesante propuesta vino de dos jóvenes realizadores, Natalia Cabral y Oriol Estrada, con su ópera prima de ficción “Miriam miente”, historia que se centra en una joven quinceañera de nombre Miriam que está a punto de celebrar su fiesta de cumpleaños y no sabe cómo presentar a su novio de internet a familiares y amigos, ya que teme a sus reacciones por no cumplir las expectativas de su círculo social.

En cuanto al drama histórico, dos piezas se hicieron presentes: “La isla rota” y “Héroes de junio: la historia prohibida”. La primera, dirigida por Félix Germán, una ficción centrada en el contexto de la matanza de nacionales haitianos ocurrida en el 1937 y perpetrada por el régimen de Trujillo. Aquí el personaje de un niño haitiano, quien es testigo del asesinato de sus padres cuando tratan de cruzar la frontera que divide Haití de la República Dominicana, se encuentra años más tarde con los asesinos de sus padres y busca la manera de vengarse.

La segunda, “Héroes de junio: la historia prohibida”, dirigida por Roddy Pérez, toma la gesta de 1959, la que se llevó a cabo en Constanza, Maimón y Estero Hondo, por un grupo de dominicanos que deseaba derrocar el régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo.

También el drama con moraleja cristiana hizo su presentación con dos filmes: “Expresos”, de Jesús Villanueva, que cuenta la historia de un sociólogo cristiano y profesor universitario que, después de ser liberado de la cárcel y de superar la cruel y hostil personalidad, se propone impedir el plan de venganza de tres ex-presidiarios, que se preparan para vengarse de sus ex esposas. Y “Reencuentro”, de Arturo Betancourt, en la que analiza la actitud de un hombre que, después de la muerte de su madre y el abandono de su padre, se rebela contra Dios. Aunque años más tarde, tiene que decidir si continúa con su actitud antirreligiosa o si regresa a los valores morales y religiosos que su madre le señalaba.

Con “El proyeccionista”, de José María Cabral, su temática tuvo una buena aceptación por su singularidad. Narra la historia de un hombre obsesionado con imágenes de una mujer que ve proyectada todos los días a través de su proyector de 16mm. Después de un accidente que destruye su única conexión con ella, emprende un viaje profundo por las partes más remotas de la República Dominicana para encontrarla.

“Buscando al zorro”, de Wigner Duarte, toma la historia de un hombre de un pequeño campo de la República Dominicana, y de su hijo, de nueve años, quienes están distanciados emocionalmente. Por cuestión de trabajo deben de hacer un largo viaje de varios días a través de grandes montañas con el propósito de encontrar a su caballo perdido, desplazamiento en la que se reflejan los conflictos entre ambos.

Y “Una fiesta inolvidable”, de Tito Rodríguez” puso de manifiesto nuevamente el cine con argumento de suspenso y terror con un relato sobre la hija de una mujer que fue violada hace 20 años, y que decide llevar a cabo su propia justicia con un plan de venganza, empezando con los hijos de los hombres que instigaron el suicidio de su madre.

El 2019 también ofreció una cuota para el cine documental con unas producciones que abarcaron tanto lo ecológico como lo histórico. En el terreno de lo ecológico se presentó “Isla de plástico”, de José María Cabral, un documento que emite una alerta sobre el problema de la gestión de residuos de plásticos en la República Dominicana; y “Cacú, un cambio por la vida”, documental de corte medioambiental y de conservación de la naturaleza dirigido y escrito por Marvin del Cid, quien documentó durante cuatro años la historia de cinco pescadores de Manresa, un barrio marginal al oeste del Distrito Nacional de Santo Domingo que se convierten de depredadores de nidos de tortuga marina, a conservacionistas de estas especies.

En cuanto a los temas históricos, que cerraron este año, se encuentran el documental dramatizado de Euri Cabral, “Gilbert, héroe de dos pueblos”, sobre la vida y las acciones de Gregorio Urbano Gilbert, quien tan solo con 17 años enfrentó las tropas norteamericanas que invadieron a la República Dominicana en 1916 y la invasión norteamericana en Nicaragua junto a Augusto César Sandino. Y “1984, el otro abril”, de Reyvin Jáquez, cinta que recoge los sucesos ocurridos durante los tres días de “La Poblada y La Matanza de Abril” de 1984 en la República Dominicana.

Escrito por: Félix Manuel Lora

BIBLIOGRAFÍA:

Sáez, José Luís. “Historia de un sueño importado”. Santo Domingo, Rep. Dom. Ediciones Siboney, 1982.

Lora Robles, Félix Manuel. “Encuadre de una identidad audiovisual”. Santo Domingo, Rep. Dom., Ediciones Valdivia, 2007.

Lora Robles, Félix Manuel. “Cine dominicano en la mira, catálogo 1963-2014: algunos comentarios al margen”. Santo Domingo, Rep. Dom., Ediciones Ferilibro, 2015.

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